lunes, 10 de septiembre de 2012

NO HAY VENENO, EL VENENO ESTA EN LA DOSIS ¿Cómo gestionar conflictos? ¿Qué precio tiene el no hacerlo?






¿Hay algún aspecto positivo en los conflictos? Apresuradamente y de forma visceral la respuesta podría ser -NO, desde luego que no- , seguramente motivado por las emociones agotadoras hasta al hastío que puede ocasionar un conflicto interpersonal, ahora bien ¿qué empresa o grupo humano está libre de ello? Dificil ¿verdad? Y es que como decía Daniel Cohen "En el mundo de hoy, ya no son las máquinas las que tienen averías, sino los hombres mismos" .

A esta verdad empíricamente probada, se une como multiplicador exponencial la situación de tensión actual, con fuertes tintes de incertidumbre en cuanto a que será el mañana de mi puesto de trabajo, mi empresa, mi equipo…. Y es que como una vez tuve la ocasión de leer, ya no parece que estemos en una época de crisis, sino más bien en la crisis de una época. Estamos en un momento de choque entre lo de ayer y lo de hoy, pero reforzado con el interrogante que esboza el futuro, ello lo resumen muy bien la cita de P. Senge "Los problemas de hoy derivan de las soluciones de ayer". Sin embargo, el ayer pasó y de él podemos aprender una lección muy importante, en la que quizás no nos paramos a pensar cuando hay "alegría", y es que hoy tenemos que actuar, asentar las soluciones de mañana.

Ayer, hoy, mañana, son conceptos que tienen un denominador común son momentos, unidades de tiempo, y con un detalle que las conecta; el dinamismo, la vida no para, no se detiene, y no la podemos vivir ni gestionar con el recuerdo de una bonita "foto" del pasado, algunos todavía se aferran a aplicar a los conflictos de ahora lo que en los 70, 80, 90 y hasta casi dos mil y poco se hacía, porque salta la falacia naturalista y hasta facilona de que "esto siempre ha sido así" o frases tan manidas como "el mundo ya está inventado a mi me vas a contar ahora", pues querido lector SÍ a nosotros nos van a contar ahora, y nos contarán en el futuro, y sino piensa ¿quién nos iba a contar hace años que esa famosa plaza de trabajador en un banco/caja no era para toda la vida…?

La vida es cambiante, y normalmente este cambio comparte como génesis, en casi todos los episodios de nuestra historia personal y colectiva, la fricción, el conflicto, el desacuerdo. Y hay distintos estilos para abordarlos:
  1.  Estilo competitivo 
  2.  Estilo de evitación, o meter la cabeza como una avestruz, esto es, no querer ver la realidad o incluso actuar como si no hubiera pasado nada 
  3. Estilo de acomodación 
  4.  Estilo de compromiso. 

¿Qué hacer? ¿qué estilo es el más adecuado? ¿hay solo uno correcto o es circunstancial? Ahí esta el reto, y lo cierto es que en estos años son las personas/cargos que llevan funciones ejecutivas y/o de dirección las que están llevando un peso agotador, hasta el termino de que muchos hace tiempo que no logran disfrutar de su trabajo, y que han llegado al punto que su trabajo parece tener que ser el binomio queja/pataleta/ todo esta mal vs paciencia/aguante/resignación. ¿Adonde lleva este clima o situación? Lo más normal es que la persona que es el "frontón" de todos estos golpes, acabe bloqueada o incluso desbordada ¿quién gana? ¿quién pierde?

Hay que decir en honor a la verdad que el conflicto puede ser bueno, lo importante es su medida, duración e intensidad, y sobre todo como se gestiona, es aquello de que no hay veneno el veneno está en la dosis. Quizás por todo lo anterior la forma de gestionar conflictos y restaurar el clima adecuado, sea algo que cada vez piden con más ahínco en los procesos de consultoría y coaching de equipos directivos, y por ello me ha motivado a escribir este post, con la intención de dar un mensaje animador; el conflicto no siempre es malo, es un proceso natural de todo avance, y se puede gestionar con éxito.

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