martes, 11 de julio de 2017

Atardecer ... de Julio




De amarillo cebada se teñía el lomo del camino por donde andorreaba mi niño , ese que pedaleaba entre tirantes de algodón y bañador de colores azules y blancos , que tras miles de usos empapados de risas y diversión se tornaron de colores vivos a la la claridad de la transparencia que solo concede sin retorno ni miedos ni compromisos la esencia del ser … 

Ese ser que solo pedalea, que siente el aire en la piel algo que no percibe pero vive, esa sensación de pureza en el baile del pelo que se entrelaza en la vida de un sol que calienta y curte, sin saber quien lo siente que no es inmune al paso del tiempo , ese rayo que marca el minutero del tiempo que cual manecilla de reloj va sumando días que parecen años y que tras el paso de los solsticios avanza con cada latir del corazón que muta a la inversa la percepción del paso de ese bien inelástico que es el tiempo, hasta el punto que los años son diarios, las horas un fingido minuto hasta hacer de los segundos un bien despreciado que regalamos y soplamos al espacio como si de ello fueramos dueños… que ilusión !!!!


El aire de la cebada se fundía con el color de la uva, con el azote de acetate de  azufre al tomate para cuidarlo , para cuidarnos, para alimentarnos a la par que saborearnos… .entre capazos de melones heridos de arterias que abren su piel, prietos que adulzan la vista como profecía de lo que sentirán nuestras papilas… descabalgo de mi montura de dos ruedas con color pasión y montura dura, entrecortada y dolorosa ¿qué dolor se siente cuando no sabes que ahora es ayer y que vives el el futuro como el único momento? 


Abro el pestillo de esa puertecilla de madera, pintada y repintada pero pese a sus capas tan sincera como quien pensó en ella, a la par que el frescor de ese pequeña chapa crea cual ecosistema gastado y renovado un sentir que se impregna en la piel, en esos poros que aún no han despertado pero que… ofrecen tanto. 


Volando y volátil, raudo aparto la cortinilla que hace de aduana a la inmigración de moscas e insectos que portan su voluntad de entrar en el cobijo de la oscuridad y el frescor que cocina las entrañas de la casa… 


Un hola precipitado a quienes vagan veraniegos, invitados a una fiesta anhelada desde el cemento urbano, paso cual animal en celo del sol y de la vida que anuncia el candor, corro hacia la cocina… ¿estará él? No lo ví en su oficina, esa que no tiene cristales, ni vistas de película, esa que es anónima, esa que es sorda, viva y que jamás conocerán aquellos que andan derrotados entre el papel fingido de los que son personajes y olvidaron cuando fueron personas… 


Giro y abro esa puerta de una cocina , una de fogones de tildes manchegos , de despensa castellana de alma castiza , de aquellas que no miran a los lados , que miran de frente , que no se arrugan que son alma en el rostro y que su cara son esencia… que son los mismos que duermen y se despiertan, que si son culpables de algo es de ser libres en su mirada y reservados en sus ganas .


Y allí está… son su sombrero de paja, de marca … claro , de la marca de quienes dieron ese presente como si fueran el presente de quien lo coloca sobre si mismo, pero que ni los ojos recuerdan ni el corazón da un atisbo de capitalismo hacia el mismo. 


Cuando sonrojado y moreno a la par que endeble, gira sus ojos en armonía de un sonrisa que sabe a abrazos, que te arropa y que hace que cada gota de sudor hasta llegar allí sea digno de esfuerzo, y quieras fotografiar ese momento para que quede contigo, porque te sientes a salvo, te sientes en tu sitio.



Entonces como el pianista que lee la partitura no escrita, que hace de quien se autoinvita a esa mesa un piano a ser sonado , a hacer de esa tarde un concierto de emociones, inicia su especial concierto y hace que el momento sea eterno… que seas protagonista de un baile que no sabes que bailas, de ser verbo conjugado sin ser consciente de que ese artista te desordena sin enfado, pero con besos que no son dados sino lanzados desde el punto más interno de una sonrisa , de un pregunta … de un mostrar que tal vez no era cierto, pero era sugerido para despertar tu sin razón, esa que tan solo la improvisación de los sentimientos son los que hacen que sudes sin calor, que te hace sentir a flor de piel … que hacen del alma un desnudo sin apreciar que están haciendo de ti lo que serás, pese a que incluso tu yo más racional quieran hacerte maldito y ocultarte…hasta perdete quien eres tú mismo pese a tenerte delante.


Atardecer eterno, de vino pisado por los pies de las manos que sacian la boca que lo paladean …
Atardecer que nos hacen …
Atardecer que nos hicieron amanecer
Atardecer de amor de hacerte amante
Atardecer que hacen de la fuerza de la entrega de la solera de los años un licor aguardiente con la miel de la infancia.
Atardecer que construyen corazones


He saltado tantas veces a esa red que me esperaba sin condiciones, he sentido tanto amor en esos momentos que no hay orgasmo ni pasión ni entrega que pueda emularse… que el eco de tales atardeceres son más fuertes que el paso del tiempo.

La vida pasa por episodios de personas que son personajes , mientras todos somos un poco actores… sin embargo el atardecer que suena a despedida del día era para mi el amanecer lejos de la rendición de una despedida, ese atardecer a la que acudo para releer el guión que no haga echar de menos el compromiso de ser persona, dando pausa al personaje que se vende como escudo protector.


Atardecer inventado
Atardecer sumado
Atardecer de quien vivió tantos sin saber si sería el último en una guerra fraticida

Atardecer firmado de sonrisa y consejos por quien fue , es y será mi mayor gurú, mentor, patrocinador … aquel que cada día, sin estar hoy por el arrebato de la muerte, me mira al espejo cada mañana y me dice que me espera para compartir juntos siendo puros …. que me espera como no al atardecer, mientras me dice… ve guardo tu corazón pero no olvides no deshacer quien eres… 

Porque en la vida hay hombres, hombrecillos, monicacos y monicaquilllos … y ¿sabes una cosa?… tienes corazón de hombre… nos vemos al atardecer, para seguir viéndote crecer, quizás cuando gires la puerta de la cocina no me verás … pero estaré… estaré cada atardecer.

A mi abuelo Julio… eterno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tu comentario